RunTrek llegó a mi vida en un momento donde todo estaba cambiando.

Meses después de mi cirugía bariátrica apareció Andrea, la profe, quien me abrió las puertas de un mundo que hasta ese momento parecía imposible para mí. Mientras muchas personas repetían que alguien operado jamás iba a poder subir una montaña, ella hizo exactamente lo contrario: me hizo sentir que sí podía intentarlo.

Y desde entonces empezó una historia completamente nueva.

Lo que Andrea construyó durante tantos años en RunTrek va mucho más allá de un grupo de entrenamiento. Es una comunidad enorme, formada principalmente por mujeres, donde el trekking, las caminatas y las salidas funcionan como punto de encuentro para algo mucho más humano.

Entrenamos durante todo el año entre la República de los Niños, el Parque Pereyra, el Parque Ecológico y la cantera de Gorina, lo más parecido a la montaña que tenemos en La Plata. Pero entre paso y paso también aparecen charlas, risas, mates, historias de vida y vínculos que terminan creciendo naturalmente.

Con el tiempo entendí que muchas veces el entrenamiento es solamente la excusa.

Porque alrededor de RunTrek nacen amistades, viajes, cenas, cumpleaños, festejos y pequeñas aventuras compartidas que hacen que cada persona encuentre su lugar dentro del grupo. Cada noviembre llegan las travesías y cada una elige qué desafío quiere vivir, pero todas compartimos algo parecido: las ganas de movernos, despejar la cabeza y disfrutar.

Para mí, RunTrek significó mucho más que aprender a caminar senderos o entrenar para una carrera. Significó encontrar personas, recuperar confianza en mi cuerpo y descubrir que la montaña también podía ser un lugar para mí.

Y por eso voy a estar siempre agradecida.

  • Chacras de Mar 2024
  • Balcarce 2024
  • Tandil 2025