La Misión 2025 fue mucho más que una carrera de montaña. Fue el momento en el que entendí que todo el camino recorrido hasta entonces había valido la pena.
Meses antes estaba entrenando en sierras, haciendo trekking y preparando el cuerpo y la cabeza para enfrentar algo que tiempo atrás me hubiese parecido imposible. Llegar a Villa La Angostura significó enfrentarme no solo a la montaña, sino también a mis propios límites, miedos e inseguridades.
Pero entre senderos, desniveles, cansancio y paisajes inmensos, apareció algo mucho más fuerte: la certeza de que había vuelto a vivir.
La Misión no se trató de competir. Se trató de avanzar, de atravesar la montaña en soledad en medio de la noche, de enfrentar miedos, de compartir la experiencia con personas que hasta ese momento eran desconocidas para mí y de honrar cada paso que me trajo hasta acá.
Hay desafíos que transforman el cuerpo.
Y hay otros que transforman para siempre la manera en la que uno se mira a sí mismo.