Villa Ventana fue mucho más que una preparación física para mi primera Misión. Fue un fin de semana de montaña, amistad, familia y movimiento.
Salimos desde La Plata para encontrarnos allá con mis hermanas y mi prima, que viajaron desde Viedma. Mientras algunas hicieron el Cerro Ventana, nosotras fuimos por el desafío de Tres Picos como parte de la preparación para lo que vendría meses después en Villa La Angostura. Más tarde también compartimos el ascenso al Cerro Bahía Blanca.
Pero más allá de los kilómetros, las piedras y los desniveles, esta travesía quedó grabada por otra cosa: las risas, el compañerismo, el cansancio compartido y esa sensación de estar exactamente donde quería estar.
Durante muchos años imaginé la montaña desde lejos. Hoy puedo vivirla rodeada de personas que quiero, disfrutando cada paso del camino.